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Noticias en la web - INFORME

Noticias en la web - INFORME | Edición del día Martes 23 de Enero de 2018

Vigilancia parental: entre el control y el espionaje

Las nuevas tecnologías ofrecen a los padres herramientas para seguir todos los pasos de sus hijos, tanto en el mundo real como en el virtual. ¿Hasta dónde debería llegar esta vigilancia?

"Arkangel" es el nombre del segundo episodio de la cuarta temporada de la serie de antología británica Black Mirror. El título hace referencia a una aplicación y un chip futurista que una madre, preocupada por la seguridad de su hija, instala en el cerebro de esta. La tecnología le permite localizar a la niña y monitorearla constantemente, pudiendo incluso ver lo que ella ve y censurar imágenes que puedan dañar su sensibilidad. Todo esto desde la comodidad de una tableta.

Si bien el sistema ilustrado en esta ficción es demasiado sofisticado y se aleja de lo que se puede lograr hoy en día con la tecnología disponible, es cierto que existen distintos tipos de dispositivos y aplicaciones pensadas para facilitar el control por parte de los padres y para que estos puedan llevar un registro de los sitios que visitan sus hijos, bloquear determinadas páginas y aplicaciones, saber quiénes son las personas con las que interactúan e incluso dónde están en cada momento.

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¿Qué tan beneficioso puede ser este acceso absoluto a lo que hacen nuestros hijos y cuáles deberían ser los límites del control parental?

Control con control

La madre protagonista de "Arkangel", Marie, se vuelve tan dependiente de la tecnología que le permite vigilar a su hija Sara, que termina afectando el desarrollo emocional de la niña y su socialización con otras personas de su edad.

Marie utiliza la aplicación incluso cuando Sara ya no es una niña pequeña y su paranoia y sobreprotección son la causa de que su hija se convierta en una verdadera rebelde.

Black Mirror nos advierte que el uso excesivo de este tipo de herramientas puede afectar el proceso evolutivo de los más pequeños, a través del cual aprenden a lidiar con eventos desagradables, cometer sus propios errores y aprender de ellos.

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La serie se caracteriza por una visión negativa de ciertas tecnologías, demonizando dispositivos y tornándolos en una condena para los usuarios más que en una herramienta útil. Aunque la moraleja de este episodio pueda ser pesimista, también plantea algunas preguntas a las que resulta interesante buscarles una respuesta.

Por supuesto que las intenciones de los padres al monitorear a sus hijos pueden ser benévolas. La infancia y adolescencia temprana en las redes puede ser difícil, como consecuencia de las amenazas que suponen el ciberbullying, el grooming y otro tipo de peligros provenientes de desconocidos que se esconden detrás de un avatar y un nombre falso.

¿Cuáles son las medidas que se deben tomar para que el monitoreo de los niños no se torne intrusivo?

Para Roberto Balaguer, psicólogo de niños y adolescentes especializado en nuevas tecnologías, se debe actuar de distinta forma dependiendo de la edad. "Hasta los 7 años sería altamente recomendable que los dispositivos que se utilizaran tuvieran algún tipo de control parental", dijo en entrevista con Cromo.

"Es importante en los primeros años porque internet tiene una infinidad de contenidos (...) Muchos que son bastante inapropiados para una mente infantil y cada vez es más común que se mezclen con contenidos infantiles", comentó el experto.

Por su parte, Martín Larre, fundador de la empresa KidBox, dijo que "es válido un control mayor cuando el niño tiene una edad menor", lo que se aplica para la vida real y para la virtual. "Lo que tiene que pasar es que gradualmente vaya siendo cada vez menor", agregó.

Creada en 2011, KidBox fue inicialmente una aplicación de control parental pensada para que los niños de entre 2 y 8 años accedieran a contenido filtrado en un ambiente virtual controlado. La empresa fue vendida y cambió su orientación luego de que el modelo original demostrara no ser rentable. KidBox se transformó en una empresa de tecnología de contenido infantil educativo sin un foco tan activo en la seguridad.

"Las aplicaciones de control parental no son la solución; son una herramienta para ayudar al crecimiento de los chicos", dijo Lucas Paus, especialista en seguridad informática del Laboratorio de Investigación de ESET Latinoamérica.

Larre comentó que el modelo original no tuvo tanto éxito ya que la mayoría de los padres "sentían culpa" al imponer tantos límites.

Por su parte, Balaguer señaló que, a partir de los 7 años y entrando en la adolescencia, los padres deberían comenzar a promover el uso de las tecnologías con autocontrol, aunque esto no significa dejar de monitorear a sus hijos.

"Con los dispositivos móviles que son propiedad de los chicos se ha vuelto cada vez más difícil el verdadero control. Se vuelve algo invasivo estar revisando el celular y no fomenta un espacio de navegación con confianza y con criterio", reflexionó. Y añadió que "lo más importante es poder conversar sobre las cosas que hacen".

Lucas Paus, especialista en seguridad informática del Laboratorio de Investigación de ESET Latinoamérica, también se refirió al diálogo con los más pequeños como la medida más importante. "Las aplicaciones de control parental no son la solución; son una herramienta para ayudar al crecimiento de los chicos", dijo en entrevista con Cromo.

ESET cuenta con una app (ESET Control Parental) que puede restringir los horarios en que se usan los dispositivos, alertar a los padres por correo y por SMS en caso de que las cuentas de sus hijos inicien sesión, bloquear sitios inapropiados, entre otras funciones.

"Estas aplicaciones son herramientas para ayudar a los padres, que muchas veces no tienen noción de que sus hijos se conectan muy tarde a una red social o qué tipo de páginas están visitando. Pero la real solución está vinculada más a la educación que a un software", opinó Paus.

control parental

Peligros de la sobreprotección

Por supuesto, nunca es bueno irse a los extremos. Roberto Balaguer explicó que si trazáramos una línea de un extremo a otro (un control extremo hasta la falta total de este), se pueden observar distintos escenarios. En el extremo del hipercontrol encontramos chicos que tienen dos posibilidades: la sumisión, viéndose afectada su actividad social ya que no desarrollan herramientas para intercatuar, o un desdoblamiento en el que hacen como si se comportaran adecuadamente, pero en verdad se manejan con cuentas paralelas que no les muestran a los padres.

"Si el menor detecta que el padre lo está espiando de una forma muy intrusiva, probablemente busque otro canal: o se haga otra cuenta en Facebook o en Instagram o utilice otros dispositivos. Por este motivo nosotros siempre decimos que la comunicación es vital", dijo por su parte Paus.

En el otro extremo encontramos niños cuyos padres no saben qué hacen en internet. "La paradoja acá es que, en esta orfandad, muchos chiquilines desarrollan ciertas habilidades porque están más acostumbrados. Son como niños de las calles de internet. Capaz que asumen riesgos, pero también tienen herramientas para detectar algo sospechoso porque tienen más calle", comentó Balaguer.

Monitoreo con criterio

Aunque la tecnología ilustrada en "Arkangel" parece demasiado sofisticada y alejada de la realidad al ofrecerle a la protagonista la posibilidad de ver lo que su hija está viendo, existen dispositivos con funciones relativamente similares.

Una serie de productos con características de relojes inteligentes para niños incluyen la opción de poder escuchar lo que ocurre alrededor de su portador, una función que fue implementada por cuestiones de seguridad para casos donde esto pudiera ser una necesidad.

Uno de estos dispositivos es Meego, de diseño uruguayo. "Desde un principio siempre tuvimos la intención de poner la tecnología a disposición de los padres y dejar en manos de cada uno el tipo de uso que le quiera dar", dijo a Cromo Juan Pablo Olivera, CEO de la empresa.

Olivera explicó que la función a través de la cual los padres pueden escuchar lo que está pasando del lado del reloj está pensada para casos de secuestro. "Que los padres puedan espiar lo que hacen sus hijos no es nuestra intención, pero uno pone la tecnología a disposición de la gente y después la gente, de acuerdo a sus valores, hace lo que considera más apropiado".

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