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Noticias en la web - ANÁLISIS - Gonzalo Ferreira

Noticias en la web - ANÁLISIS - Gonzalo Ferreira | Edición del día Martes 23 de Enero de 2018

Las señales de Vázquez y el riesgo de no escuchar a los descontentos

Por su bien y por el del sistema, urge que el gobierno les preste atención

A saber por las pocas señales que manda en medio del verano, el presidente Tabaré Vázquez parece mostrarse muy poco preocupado por la situación del agro. Y esta sensación no solo surge de su inacción ante el conflicto que iniciaron algunos productores rurales cada vez más virulentos, -y hasta radicales en algunos casos-, sino también por su reacción ante la renuncia del ministro del área, Tabaré Aguerre, presentada hace tres semanas en medio de un clima complicado en el sector.

Esas señales casi de desidia del gobierno de Vázquez -que había recibido en noviembre un pedido de reunión con las gremiales rurales pero ni siquiera les fijó fecha para el encuentro-, aparecen acrecentadas por sus últimas respuestas.

Primero, Vázquez publicó en la web de Presidencia de la República que el próximo lunes 15 de enero (se puede suponer que al volver de su descanso porque ya no se sabe formalmente cuándo el mandatario se toma licencia), fijaría fecha para la reunión con los productores agropecuarios.

Este viernes afirmó que también será el 15 de enero cuando resolverá si acepta la renuncia de Aguerre y eventualmente quién lo sucederá. "El lunes habrá novedades", declaró Vázquez este viernes a VTV, una vez conocida la noticia divulgada por radio Sarandí sobre la renuncia del ministro de Ganadería.

Pero no siempre Vázquez fue de reacciones lentas. Por ejemplo, durante su primer gobierno (2005-2010), Vázquez suspendió sus vacaciones y logró destrabar un conflicto que el Ministerio de Salud llevaba meses sin resolver. Aquel 5 de enero de 2007, Vázquez levantó el teléfono, llamó al entonces presidente del Sindicato Médico del Uruguay (SMU), Alfredo Toledo, y le propuso: "¿Podemos arreglar esto?". El conflicto fue resuelto en una reunión de tan solo 20 minutos.

En otros asuntos, con voluntad política, Vázquez ha demostrado capacidad sobrada para poner paños fríos a situaciones calientes.

Nada de eso hizo tras la renuncia de Aguerre. Pero, ¿qué hubiera pasado si fuese otro el ministro renunciante? ¿Vázquez también hubiera esperado casi un mes para resolver el asunto? Muy difícil.

¿Qué pueden significar estas señales? Tal vez exista un cierto desprecio o desinterés por los temas del campo. Pero, antes que nada, la prescindencia de Vázquez parece reflejar un rechazo hacia quienes encabezan los reclamos.

Aunque es claro que ideológicamente están en la vereda de enfrente, en el gobierno no les creen a los productores indignados cuando dicen que no tienen una identificación partidaria. Si los pedidos del campo son justos o no, son tres pesos aparte.

Los reclamos del agro no son nuevos; siempre se quejan. Pero los productores aseguran que no aguantan más. Y mirar con desprecio esa percepción, como cualquier otra, no es sano.

Lo preocupante, pero no solo para el gobierno y el Frente Amplio, sino para todo el sistema político, es que a algunos actores empresariales (y no solo del campo o del interior) se los ve cada vez más descontentos y radicalizados.

Muchos empresarios sienten que tras 13 años del gobierno de izquierda, la mayoría de las medidas adoptadas casi siempre los perjudicaron. Pero lejos de dar respuestas para intentar apaciguar los movimientos radicales que a la larga pueden ser peligrosos, el oficialismo los demoniza y eso profundiza el enojo. El círculo no se cierra más.

Tras escuchar los audios y leer algunos de los mensajes que los ruralistas y transportistas se mandan en los grupos de whatsapp, se puede sacar una conclusión: el descontento con la izquierda es tal que lo que más quieren es que se vaya del gobierno. Urge que, por sus propios intereses y por los de todo el sistema político, el oficialismo empiece a escuchar y tratar de aplacar a quienes amenazan con pasar del enojo a la protesta más radical.

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