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Noticias en la web - CLAUSURA

Noticias en la web - CLAUSURA | Edición del día Viernes 15 de Diciembre de 2017

Un día se iba a terminar

Peñarol extrañó a Formiliano, Gargano y Palacios, sufrió a un River perfecto y perdió el invicto

El fútbol tiene la capacidad de dar un giro a los estados de ánimo y sensaciones sin transitar términos medios. Por eso no extraña ni sorprende que Peñarol llegara al Saroldi con el impulso de 12 triunfos consecutivos, una campaña histórica y la posibilidad de dar la vuelta olímpica a dos fechas del final, y que volviera a Los Aromos con derrota, sin invicto, herido futbolísticamente, con esas dudas que sembró el funcionamiento del equipo y que abriera la posibilidad para que Nacional pueda ingresar en la lucha por el título del Uruguayo, cuando hace cinco fechas parecía muy lejos de aspirar a colarse en la definición.

Las ausencias de Formiliano, Gargano y Palacios fueron demasiado para disimular en Peñarol, que venía jugando a un ritmo demoledor y que rompía los moldes en un fútbol uruguayo extremadamente irregular.

El equilibrio que le brinda Gargano al mediocampo no se lo dio Guzmán Pereira, entonces Peñarol empezó a fallar en el partido ante River en una zona medular, en donde del buen funcionamiento del mediocampo depende el resto, porque filtra los problemas para el fondo y potencia el juego para el ataque.

Eso se reflejó en la defensa, donde Quintana (que reemplaza al lesionado Formiliano) tuvo problemas; y en ataque, porque faltó el goleador, el que firmó tantos triunfos en las últimas semanas. Además –esto excedió los aciertos y errores aurinegros–, el golero Nicola Pérez fue un gigante en el arco y la principal razón del triunfo de River.

Así como en otros momentos de este semestre el técnico acumuló muchos aciertos en sus planteamientos, esta vez Ramos se confió. Creyó que Guzmán Pereira podía rendir y desplegar el mismo juego que Gargano, y no sucedió. Esa confianza lo llevó a perder el control del juego, y Peñarol recorrió un camino desconocido hasta el momento.

El DT debió haber recurrido a un doble cinco más conservador para asumir el control ante la ausencia de su figura. Corujo hubiera sido una buena alternativa para complementar a Guzmán y para que entre ambos se acercaran al funcionamiento de Gargano. Sin embargo, el técnico prefirió seguir con su libreto, independientemente de los hombres y creyendo que cualquiera puede jugar de cualquiera, y que todos son titulares. Así, su equipo se estrelló ante la muralla de un River Plate que construyó el triunfo a partir del orden, disciplina táctica, paciencia, actitud y rendimientos individuales que terminaron de asegurarles la victoria.

A los pocos minutos de iniciado el juego, después del sobresalto del primer remate del Cebolla que atajó Nicola Pérez, River Plate le encontró el punto a su juego. Se plantó con dos líneas de cuatro, la segunda con volantes versátiles –y muy sacrificados–, que le dieron a los darseneros una solidez defensiva que incomodó y le sacó el humor a Peñarol. Al mismo tiempo, tuvo la velocidad de Giovanni González, Vega y Boné, más la clase de Olivera para completar con sus movimientos las sorpresas ofensivas que necesitaba el equipo. Así nació el primer gol, en los pies del veterano delantero, que terminó Vega.
Cuando Ramos quiso emparchar el equipo en el segundo tiempo, Tiscornia le había ganado la pulseada, porque en la cancha había impuesto su autoridad futbolística.

Cuando Boné puso el 2-0, el partido estaba más para un 3-0 que para un 2-1, sin embargo Ferreyra pitó un penal que no existió y le dio la chance a Peñarol de resurgir en el final. Pero River no estaba dispuesto a hipotecar el privilegio que había logrado ni los puntos que lo acercan a la Sudamericana.
En medio de todo esto –la caída del invicto de Peñarol, el triunfo de River Plate–, se coló Nacional, que revive con el resultado porque si gana todo lo que le queda hasta fin de año será campeón de la Anual y del Uruguayo. El tricolor ya no depende de nadie y recuperó la chance de ir por el bicampeonato. Así es el fútbol, que el miércoles volvió a Peñarol a un estado terrenal, del que parecía tan alejado hasta el domingo. Y que le planteó un gran desafío a los aurinegros: aprender a recuperarse tras la derrota. Tienen el Clausura al alcance, y ahora deberán seguir demostrando la vigencia futbolística con el regreso de Gargano.

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